La Unión Internacional de Periodistas (UIP) expresa su profunda preocupación y condena enérgicamente el creciente número de agresiones contra periodistas y medios de comunicación en todo el mundo.

El principal deber de los periodistas en activo es ofrecer al público información exacta, objetiva y justa. Nuestro trabajo es estrictamente profesional, libre de prejuicios políticos y motivos ocultos. Sin embargo, los periodistas se están convirtiendo cada vez más en los primeros objetivos en zonas de guerra y conflicto. La UIP subraya que atacar a un medio de comunicación no es sólo destruir un edificio; es un ataque directo a la libertad de expresión, al derecho del público a la información y a los valores democráticos básicos.

Los periodistas que trabajan en zonas de conflicto se enfrentan a peligros extremos y arriesgan sus vidas cada día para hacer su trabajo. Su papel es vital para documentar la realidad sobre el terreno, denunciar violaciones de derechos humanos y mantener informada a la comunidad internacional. Cualquier ataque o daño dirigido contra ellos o sus organizaciones es totalmente inaceptable.

El Ejecutivo insta a todas las partes implicadas en conflictos a que respeten el derecho internacional y los tratados que garantizan la seguridad de los periodistas. Los medios de comunicación deben ser reconocidos como espacios civiles y en ningún caso deben ser tratados como objetivos militares.

Pedimos a las organizaciones internacionales, a los organismos de derechos humanos y a los gobiernos que tomen medidas inmediatas para garantizar la seguridad de los periodistas y de los medios de comunicación en las zonas de conflicto. Exigimos que los responsables de atacar a trabajadores de los medios de comunicación rindan cuentas y se enfrenten a estrictas acciones legales.

La UIP se solidariza firmemente con todos los profesionales e instituciones de los medios de comunicación afectados. Reafirmamos nuestro compromiso con la libertad de prensa y exigimos un entorno seguro en el que los periodistas puedan desempeñar sus funciones sin miedo, amenazas ni intimidación.